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Cuando la innovación fracasa: por qué las buenas intenciones no siempre generan innovación

Como innovadora, ideadora e implementadora, confieso que escribir este título me hizo temblar. Es casi una herejía en nuestro mundo creativo. Pero es verdad: cuando la ideación se gestiona mal, se convierte en una pérdida de tiempo.

Después de más de 20 años en estrategia e innovación, he visto cómo la ideación puede fracasar estrepitosamente… o ser el punto de partida para cambios significativos. La diferencia no está en las ideas, sino en cómo se estructura el proceso.

¿Cómo se ve una mala ideación?

Caso 1: la convocatoria sin contexto
Un vicepresidente envía un correo masivo:
«Tendremos reuniones mensuales de ideación. Traigan sus mejores ideas.»
Suena inclusivo. Pero sin una visión clara ni un proceso definido, el resultado es apatía. Sin orientación, sin saber qué problema resolver, sin preparación… nadie participa. El miedo a “decir algo tonto” supera la voluntad de contribuir.

Caso 2: el buzón de sugerencias descontrolado
Se lanza un buzón digital para recibir ideas anónimas. Lluvia de propuestas sin contexto, sin seguimiento, sin criterios. El equipo de innovación, en lugar de diseñar soluciones, se convierte en un comité revisor abrumado. El resultado: confusión, desgaste y pocas ideas accionables.

¿Cómo se ve una ideación efectiva?

Caso 1: visión clara + equipo multifuncional
La alta dirección comparte una visión específica de futuro y designa un grupo de trabajo para explorar ideas alineadas. Se forman equipos de distintas áreas para desarrollar propuestas, evaluarlas y refinarlas. El ambiente es seguro, creativo y enfocado. Las ideas fluyen con propósito.

Caso 2: sesiones iterativas con contexto
El equipo de innovación convoca sesiones guiadas para generar ideas alrededor de retos estratégicos. No hay jerarquías en la sala. Nadie busca brillar individualmente. Las ideas se construyen entre pares, se debaten, se reformulan. Algunas serán incrementales; otras, transformadoras.

¿Qué necesita una organización para que la ideación funcione?

1. Debe estar impulsada por una visión clara

Sin dirección, la ideación se dispersa. Una visión compartida permite canalizar la creatividad hacia soluciones que generen verdadero valor. ¿Qué problema estamos resolviendo? ¿Qué resultado queremos lograr?

2. Debe ser un proceso iterativo, no un evento único

La ideación no es un «brainstorming» aislado. Es un proceso continuo: lanzar ideas, desarrollarlas, cuestionarlas, reformularlas. Una buena idea no nace perfecta; se pule en comunidad.

3. Debe darse entre pares, no para impresionar a superiores

Las mejores ideas no tienen dueño. Se construyen colectivamente. Si nadie se atreve a decir algo “tonto”, el equipo no está siendo lo suficientemente valiente. Un entorno de confianza y horizontalidad es indispensable para pensar fuera del molde.

¿Y qué pasa cuando esto no se cumple?

Cuando se fuerza una idea superficial a través del proceso de innovación, el resultado es decepcionante:

  • Proyectos mal definidos
  • Desvío del alcance
  • Ventas estancadas
  • Tiempos de desarrollo extendidos
  • Soluciones que nunca llegan al mercado

Lo que comienza como entusiasmo termina como frustración.

“La estrategia y la innovación no tienen que ser complicadas, pero sí bien estructuradas.”

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