Al disfrutar una barra de chocolate, saborear un café o vestir una camisa de algodón, es poco común preguntarse:
¿Quién tuvo que trabajar para que esto llegue a mí? ¿Fue trabajo justo… o trabajo forzoso?
Y sin embargo, deberíamos hacerlo. Incluso frutas y verduras cultivadas en Estados Unidos podrían estar relacionadas con formas modernas de esclavitud. Lo preocupante es que muchas empresas aún no lo ven como un riesgo operativo serio.
La dimensión del problema
Según la Organización Internacional del Trabajo (OIT), más de 28 millones de personas eran víctimas de trabajo forzoso en 2021.
Esto generó 150 mil millones de dólares en ganancias para actores maliciosos dentro de las cadenas de suministro globales.
- El 86 % de estos casos ocurrieron en el sector privado.
- 3.3 millones eran niños.
Los países de bajos ingresos no son los únicos afectados. Estados Unidos, Reino Unido y Europa también registran casos. Tan solo en EE. UU., la Línea Directa contra la Trata de Personas recibió 1400 alertas laborales en 2020.
Casos recientes han puesto nombres concretos sobre la mesa:
- Hyundai fue señalada por el Departamento de Trabajo de EE. UU. por empleo de menores en plantas proveedoras.
- Mars y Hershey enfrentaron una demanda por vínculos con trabajo infantil en plantaciones de cacao africanas.
- Productos como banano, ladrillos, cacao, café y algodón figuran como los más probables de implicar trabajo forzoso.
Más allá de la intención: riesgo legal, ético y reputacional
Aunque una empresa no recurra directamente a prácticas abusivas, puede ser legalmente responsable por las acciones de sus proveedores.
Los riesgos incluyen:
- Multas regulatorias.
- Pérdida de contratos o acceso a mercados.
- Boicots y daño de marca.
- Pérdida de confianza de inversionistas, reguladores y consumidores.
¿Qué pueden hacer las empresas?
Un buen punto de partida es aplicar los Principios Rectores de la ONU sobre Empresas y Derechos Humanos, que promueven la debida diligencia en derechos humanos.
Pero también se requiere acción táctica. Aquí tres estrategias clave:
1. Usar tecnología blockchain para trazabilidad
La falta de visibilidad es un factor de riesgo crítico: solo el 2 % de las empresas tienen visibilidad más allá del segundo nivel de su cadena, según McKinsey.
La tecnología blockchain puede cerrar esta brecha.
- Walmart China la usa para rastrear proveedores y garantizar seguridad alimentaria.
- Levi Strauss publica datos en blockchain sobre condiciones laborales de sus fábricas proveedoras.
2. Supervisar agencias de reclutamiento de proveedores
Muchas prácticas de trabajo forzoso comienzan con agencias de contratación intermediarias que falsean información o retienen salarios.
Recomendaciones:
- Exigir uso de agencias acreditadas, como sugiere el portal Recruitment Advisor de la Confederación Sindical Internacional.
- Colaborar con ONGs como Fair Labor Association (FLA) para realizar auditorías aleatorias, como hace Patagonia.
3. Formar consorcios sectoriales para auditorías conjuntas
La auditoría directa puede ser costosa. Un enfoque colectivo permite compartir recursos y buenas prácticas.
Ejemplos destacados:
- El Acuerdo Internacional tras el colapso del Rana Plaza (2013), que unió a 166 empresas textiles con la OIT, sindicatos y ONGs para garantizar seguridad en fábricas de Bangladesh.
- La Iniciativa de Mica Responsable, con 75 empresas colaborando para erradicar el trabajo infantil en la minería de mica (usada en cosméticos y electrónica).
La transparencia ya no es opcional
El marco legal internacional está cambiando. La Unión Europea avanza hacia una legislación que hará responsables a las empresas, incluyendo las estadounidenses con operaciones en Europa, por violaciones de derechos humanos a lo largo de toda su cadena.
Esto exige una transparencia radical y nuevas formas de colaboración:
- Tecnología como blockchain.
- Auditorías con expertos externos.
- Cooperación entre empresas de un mismo sector.